Decía mi querido Luís Buñuel en Mi último suspiro, que nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada. Pero la memoria es también invadida constantemente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira. Lo cual, por otra parte, no tiene sino una importancia relativa, ya que tan vital y personal es la una como la otra. Haciendo de la misma manera alusión a Valle-Inclán, éste dijo que las cosas no son como son, sino como se recuerdan. Pero a veces, descubrimos que el pasado se ha borrado, es decir, que la memoria reinventa el mundo. El pasado es mucho más variable, flexible y manejable de lo que la gente cree, y también pudiera ser que los recuerdos no aparecen en nuestro pasado, sino otro presente nuestro que ignoramos. Leemos en La ignorancia, de Milán Kundera: "Nuestra memoria, la pobre, ¿qué puede hacer? Sólo es capaz de retener del pasado una miserable pequeña parcela sin que nadie sepa por qué precisamente ésa y no otra."
noëlle
